Fetiche: placer vestido de culpa

Fetiche

Fetiche es una de las palabras más usadas en la jerga de la sexología y también de la industria pornográfica, lo cual ha llevado a no pocas confusiones y a un pésimo uso del vocablo, que cambia constantemente de significado según el contexto en el que está.

Fetiches hay muchísimos y muy variados. El problema, claro, es que la mayoría de la gente sólo conoce superficialmente esos contextos en los que es válido hablar de fetiches y se arma el lío. Vamos a tratar de aclarar eso.

¿Qué es un fetiche?

Alejándonos del contexto sexual, la palabra fetiche designa a objetos a los que se les ha atribuido capacidades o poderes mágicos y de los cuales depende el éxito de determinadas empresas. Se relaciona, pues, con amuleto o talismán.

El vocablo proviene del latín facticius (artificial, fabricado) de la cual también provienen el portugués feitiço (hechizo) y el francés fétiche (amuleto); de modo que la idea va por los lados de la magia en todos los casos.

Lo cierto es que estos talismanes o amuletos siempre son objeto de culto, se les adora y protege; y es de esa característica que se toma la idea del fetiche sexual.

Star Wars se ha convertido en un fetiche
Star Wars se ha convertido en un fetiche

En el mundo de la sexología y la psicología, fetiche es el nombre con el que se conoce la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de un objeto fetiche, como una prenda de vestir o una parte del cuerpo en particular.

El fetichismo, si no se convierte en una obsesión, es inofensivo y forma parte de una larga lista de conductas que están afuera de lo común., Si estas conductas se exacerban pueden generar dificultades en la vida sexual y también en la vida cotidiana de quienes lo practican.

Entre los ejemplos clásicos de fetiches se cuentan la atracción sexual por los pies (podofilia), retofilia (atracción por zapatos) o la urolagnia (excitación por la orina), que también forman parte, con otros nombres, del universo de los fetiches pornográficos.

Tras la aparición de la psicología como ciencia moderna, gracias a Sigmund Freud, uno de los temas que más interesó estudiar fue el de la conducta sexual.

Estos collares también son un fetiche

Aparecieron muchos nombres para referirse a comportamientos no aceptados moralmente, y entre ellos, los calificativos perversión (lo perverso, lo malo) y desviación sexual (lo que se sale del camino, de la norma). Estos nombres fueron sustituidos a finales del siglo pasado por el término parafilia, que intenta despojar de la carga maligna a tales conductas.

¿Un fetichista es un enfermo?

NO; al menos no siempre. Hasta hace menos de 10 años, los fetiches eran considerados, en general, parafilias; o sea, trastornos de la conducta sexual; desórdenes psiquiátricos. Esto fue avalado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, que así lo establecía en la cuarta edición revisada de su Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV TR), del año 2002.

Desde entonces se han revisado muchas de esas prácticas y, a partir del DSM 5 (2013), se habla de “trastornos del deseo sexual” pero sólo se les considera trastornos si se cumplen las siguientes condiciones: que la conducta o el deseo por practicarla se mantenga por al menos seis meses seguidos, y, citamos: “Las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.”

Los fetiches rompen convenciones sociales
Los fetiches rompen convenciones sociales

De acuerdo con esto, sólo se puede hablar de un trastorno cuando la conducta sexual que prefiere el individuo altera de manera significativa su vida normal. Increíblemente, es posible encontrar textos recientes, escritos en el Siglo XXI que hablan de los fetiches con el calificativo de desviación sexual, o incluso perversiones.

¿Y el fetiche en la pornografía?

No cabe duda de que la pornografía tiene características muy distintas a la sexología y a la psicología. En este mundo se trata de hacer negocios a partir de la explotación de los deseos sexuales de las masas. Además, es una industria que se afincó durante muchos años en Estados Unidos, razón por la cual se solía hacer en inglés. Por todo esto, las nomenclaturas que provienen de esta fuente suelen adaptarse más al mercadeo que a la realidad.

No debemos olvidar, además, que el gran negocio de la pornografía movía hacia 2012 la bicoca de 150 mil millones de dólares (datos de The Guardian), que se supone han aumentado a juzgar por el crecimiento del acceso a Internet en todo el mundo.

La industria porno crea falsas expectativas

En este particular contexto la nomenclatura no se corresponde necesariamente con la realidad; por ejemplo se llama “interracial” al intercambio sexual entre personas de distinto color de piel, cuando es sabido desde hace muchísimo tiempo que la raza humana es una sola.

Esta es, por ejemplo, la misma industria que vende la idea de que el pene debe medir 18 cm, cuando el promedio mundial no alcanza 13. Es decir que la industria de la pornografía miente acerca del sexo, creando una realidad paralela que sólo funciona bien frente a las cámaras, y por supuesto, el termino fetiche también ha sido utilizado de manera laxa y sin rigor alguno.

Así, se encuentran dentro de la categoría “fetish” varias prácticas que se consideran fuera de lo común, y allí se mezclan sin mayor orden cosas tan disímiles como el gusto por recibir cosquillas hasta el spanking, nombre con que se conoce la práctica de azotar a alguien por placer.

Pero en general, fetiche o fetiches es simplemente una de las tantas categorías en las que se dividen los productos de esta industria, y pueden encontrarse allí imágenes, relatos o videos acerca de cualquier práctica “fuera de lo común” y que sean rentables para la industria.

Lo importante en este caso es que los consumidores de pornografía (virtualmente todos) sepamos distinguir los límites entre la realidad y la fantasía. De no ser así, corremos el riesgo de caer en el fetiche por los contenidos pornográficos, con lo cual podemos dañar gravemente nuestra vida sexual, al crear expectativas imposibles de satisfacer.

Y si usted, querido lector, tiene un fetiche, disfrútelo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *