Religión y poliamor: ¿son compatibles?

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Cada religión es un conjunto de ritos y costumbres a través de los cuales las personas manifiestan su creencia en seres superiores (dioses), cuya naturaleza divina, a veces creativa, a veces destructiva, es capaz de intervenir en el destino de los individuos o de la humanidad entera. Pero las religiones tienen normas que no siempre permiten la libertad sexual y afectiva.

La religión y el dogma

Generalmente, las religiones están organizadas institucionalmente y generan todo un sistema que permite canalizar la fe: una motivación que muchas personas necesitan para sustentar su andamio emocional y enfrentar eventos que escapan a su control y comprensión.

Todos somos libres de seguir la religión de nuestra preferencia, o ninguna.

Quienes escogen seguir una religión deben obedecer sus normas, que no son negociables; son parte del dogma y del mandato divino. Los dioses exigen su cumplimiento. Por tanto, practicar una religión de manera rigurosa es incompatible con cualquier estilo de vida en que el individuo toma sus propias decisiones.

Además de eso, las religiones institucionalizadas actúan como legitimadores del status quo (incluso en muchos países son parte de la estructura del Estado) y, por tanto, es difícil concebir que una institución religiosa legitime prácticas como el poliamor, transgresoras del orden hegemónico dominante.

Pero existen excepcioes…

Religiones poliamorosas

En el Hemisferio Occidental, fundamentalmente colonizado por europeos, predominan las religiones de la esfera judeocristiana que eran la norma en la Europa de esa época… y de hoy. En el judaísmo y la gran mayoría de las variantes del cristianismo, la poligamia está claramente prohibida y mantener relaciones extraconyugales constituye el pecado del adulterio.

Poligamia

Es bien sabido que algunas variantes del islamismo aceptan la poligamia; sin embargo, sólo le es permitida a los hombres; es decir, los hombres pueden constituir un harem, mientras que las mujeres no pueden interactuar con nadie, excepto el marido. El dueño del harem puede tener tantas esposas como pueda mantener. Definitivamente no participan en igualdad de condiciones.

En algunas congregaciones del cristianismo protestante, la poligamia es permitida, pero siempre en un formato en el que un patriarca puede tener varias esposas y nunca lo contrario. Ambos casos están muy apartados del poliamor.

En algunas religiones orientales, las cosas cambian radicalmente. En el budismo y el taoísmo (que algunos estudiosos consideran filosofías y no religiones debido a la flexibilidad de sus preceptos), nada impide que hombres y mujeres interactúen sexualmente a voluntad, siempre que lo hagan de manera responsable. Y claro, su noción de «responsabilidad» varía mucho.

Por ejemplo, los monjes budistas deben practicar la castidad mientras que la gente común sólo debe seguir el tercero de los cinco preceptos, que dice: “Tomo el precepto de seguir un comportamiento sexual correcto”, y lo correcto en el budismo es lo que no es perjudicial para otros o para uno mismo.

Casamento wiccano

Probablemente la religión más tolerante en los aspectos sexoafetivos es la Wicca, cuyos miembros aceptan toda manifestación del amor y el sexo como parte de la energía de la naturaleza. Sus autoridades aprueban y bendicen el matrimonio homosexual. Entre los paganos wiccanos es común encontrar grupos poliamorosos totalmente asimilados.

América Latina, religón y diversidad

América es fundamentalmente cristiana. México es el país con el mayor número de católicos en el mundo y Brasil sólo es superado por Estados Unidos en número de cristianos protestantes. Al mismo tiempo, en América Latina otras religiones coexisten en relativa armonía con el cristianismo, debido al sincretismo cultural, como la santería yoruba, el umbandismo, etc.

Una larga lista de inmigrantes de otros rincones del mundo facilita la tolerancia y el respeto por las otras religiones y relaja el cumplimiento de las normas dogmáticas.

El resultado es un alto porcentaje de personas que, a pesar de declararse como parte de una determinada religión, cumplen sólo parcialmente sus códigos, sin que eso cause mayores inconvenientes en sus respectivas congregaciones. En países con leyes firmemente enraizadas en la religión, quebrantar las normas sexuales puede terminar en pena de muerte.

Infografía de La Nación

Felizmente en América Latina podemos conciliar la diversidad sexual y las prácticas poliamorosas con la mayoría de las creencias religiosas. En raras ocasiones un ciudadano estará en problemas legales debido a un comportamiento sexual afuera de la monogamia o la heterosexualidad. Eso sí, los problemas de orden social no faltarán.

Hoy el verdadero desafio de los poliamorosos es superar la impronta que la moral judocristiana dejó en los sistemas legales y en la sociedad civil, que condena y prohibe la práctica del amor entre más de dos personas. Es por eso que estamos aquí.

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