¿Es natural la monogamia en los seres humanos?

A los humanos nos gusta lo natural, o al menos eso dice la publicidad: “XXX limpiador, con el aroma natural del limón”, y así. Existe una noción de “lo natural” que en realidad es bastante artificial, conveniente a los gustos y patrones que indica la sociedad comercial dominante.

Es curioso que esa noción de lo natural también aparezca (junto con la noción de lo normal) al hablar de acerca de las relaciones sexoafectivas incluso en el ambiente monogámico. No digamos ya en el mundo LGBTI o en el ámbito de los fetiches, el BDSM, etc.

En todos estos escenarios es muy común escuchar que hay cosas que “no son naturales” o que “no son normales”, pero la verdad es que la mayoría de la gente está tan encerrada en su ambiente urbano que ni siquiera sabe qué es lo natural.

Lo natural y su complemento cultural

Aquella noción de lo “natural” mencionada antes ha sido muy eficiente en la tarea de sustituir el verdadero significado de tal palabra. Esto a pesar de que es muy obvio: lo natural es lo que se produce en la naturaleza, sin que sea necesaria la intervención humana. Una planta, el mar, una montaña, un ave… son naturales. En cambio un sombrero, aunque se realice de cuero 100% natural, es un producto humano; en la naturaleza no hay sombreros.

Los humanos tenemos, en contraposición a lo natural, un universo lleno de creaciones propias: edificios, vestimentas, sistemas de transporte, etc. A ese conjunto de creaciones se les conoce como paisaje cultural, bajo la idea general de que la cultura es todo aquello que producimos los seres humanos, sea tangible o no.

Dada esta situación, los humanos somos la mezcla de estos dos universos: biológicamente somos parte de la naturaleza: estamos hechos de carne, huesos, hormonas y nervios, así que funcionamos como cualquier otro animal de sangre caliente. Somos mamíferos. Por otra parte, somos seres culturales, capaces de enormes procesos de pensamiento y abstracción, creadores del universo cultural que nos rodea.

¿Entonces qué es lo natural en el sexo?

Para una vastísima mayoría de los animales, el sexo es apenas una forma reproductiva, sin más; eso es lo natural; y es que una de las grandes diferencias entre los humanos y otros animales es nuestra manera de abordar el sexo.

Para los humanos el sexo se relaciona con el amor, con el estatus social, con códigos de vestimenta y comportamiento; es fuente de placer y de satisfacción. Sólo se sabe de dos especies más que obtienen, como nosotros, placer del sexo: delfines y bonobos. Dado que entre los animales el sexo es instintivo, también está desprovisto de tabúes y las relaciones homosexuales son frecuentes.

A pesar de que los humanos asociamos al sexo con todo lo mencionado, mediante los procesos educativos correspondientes a cada cultura, mucho del comportamiento sexual humano responde simplemente a las fuerzas de la naturaleza: el llamado hormonal, la atracción física y la necesidad reproductiva, fuerzas que se han instalado en el ADN desde hace millones de años, mucho más tiempo que la más antigua de las culturas de las que tengamos registro.

Lo natural es el instinto reproductivo

Hasta ahora hemos hablado acerca de conductas y motivaciones sexuales. Todos los animales intentan asegurar la prevalencia de sus genes y no la de sus competidores. Los machos intentan reproducirse con la mayor cantidad de hembras posibles e incluso la naturaleza ha desarrollado métodos no muy sutiles para lograr esto.

Entre muchos mamíferos el mecanismo que asegura el paso de los mejores genes a la siguiente generación es la eliminación por competencia. Cuernos, garras y dientes son puestos al servicio de la lucha (a veces mortal) que le asegure al ganador el privilegio de la cópula. Se supone que mediante ese método los genes transmitidos, los del macho alfa, son los del más fuerte o más hábil.

En otros casos, el macho sencillamente extrae del cuerpo femenino el semen de otros machos antes o durante la cópula. Algunas aves introducen el pico en la hembra para limpiar la zona del semen ajeno.

Entre los humanos (y muchos otros animales) existe el mismo mecanismo, sólo que el encargado de la limpieza es el mismo pene. Para eso sirve el glande. Cuando el pene se introduce profundamente en la vagina, el glande recoge en su borde el semen ajeno y expulsa el mismo, aumentando las posibilidades de reproducirse él, y no sus rivales.

El efecto Coolidge y la lencería

Los humanos estamos entre los pocos mamíferos que nos unimos de preferencia por parejas. La elección de una pareja para el largo plazo o incluso para toda la vida es un fenómeno muy extendido en las aves, como los cisnes, pingüinos, y varias especies aves marinas; pero no entre los mamíferos.

Entre los humanos, se debe a la necesidad de mantenerse juntos durante el largo tiempo que tardan las crías en crecer y además ha sido la base para el desarrollo del apego emocional y nuestra forma de organización social. Pero la verdad es que, de poder hacerlo, copularíamos con muchas parejas distintas.

Existe un fenómeno, demostrado científicamente, según el cual los machos de casi todas las especies pierden interés en aparearse al cabo de un tiempo con la misma pareja. Se han hecho experimentos con ratas, hamsters y otros mamíferos.

Se coloca a un macho con varias hembras en celo. El macho se aparerará con todas hasta quedar exhausto y no responderá a nuevos estímulos por parte de las hembras, entrando en un período refractario. Pero si se introduce una hembra nueva, saca fuerzas de la nada y copula con ella. La explicación es que la presencia de una nueva compañera libera dopamina y el animal procura perpetuar su estirpe por encima de los competidores, incluso aunque no haya ninguno.

A este fenómeno se le conoce como “Efecto Coolidge” debido a una anécdota que involucra al presidente estadounidense Calvin Coolidge y su esposa. (No, no los usaron como cobayas en un experimento).

El Efecto Coolidge también está presente (aunque con menos intensidad) en las hembras de mamíferos e incluso en animales hermafroditas como los caracoles.

El Efecto Coolidge tiene sus consecuencias en la vida sexual de los humanos. Es una de las motivaciones para la infidelidad de pareja. También explica el éxito de la lencería femenina, que le permite a una misma persona lucir muy distinta en diversas ocasiones, generando a su pareja la ilusión de que está con alguien más, sin caer en la infidelidad.

Todo esto nos lleva a una clara respuesta para nuestra pregunta inicial: NO. Los humanos no somos naturalmente monogámicos, sino que en nuestra evolución hacia los seres culturales que ahora somos, hemos limitado nuestra sexualidad con el fin de preservar un modelo social estable. La monogamia, sin duda alguna, es una elección cultural.

Felizmente, la cultura también evoluciona con nosotros.

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